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Hace algunos años, cuando desde la Asociación ANDREA estábamos realizando algunos trabajos de campo en el Rural, se nos acerco un hombre con un bastón, el pelo cano y la cara curtida de haber pasado por el muchos inviernos, para entablar conversación. Al comprobar nuestro interés por la recuperación del Rural, y sobre todo por la recuperación de la Autoestima de las Poblaciones Rurales, nos dedico unas palabras:

“Mis hijos y mis nietos me dicen que ahora se vive mejor que antes. Pero no es cierto. Ahora se vive con mayores comodidades, ¡eso si!, pero mejor que antes… ¡ni hablar!. Antes compartiamos las cosas y las labores. Si necesitabas cualquier cosa podías entrar en casa de cualquier vecino, por que todos nos ayudabamos en todo. No había tantas comodidades… ¡claro!, pero vivíamos más alegres que ahora. Hoy somos muy raros…, casi ni nos saludamos, y si un vecino ve que prosperas demasiado hasta le sienta mal.

Ahora los jóvenes no quieren saber nada de esto (el rural) ¡Que pena!. Los han engañado, les han hecho creer que necesitan siempre mucho más de lo que tienen, los han engañado…

…el verdadero capital no son las pesetas ni los euros, el verdadero capital son las personas y la tierra.”

El patrimonio de nuestros pueblos y aldeas se está destruyendo paulatinamente, las causas principales entre otras parecen ser el continuo abandono de la actividad agrícola, y junto a ello el rechazo de esta actividad por parte de los jóvenes, además del progresivo envejecimiento de la población.

Sin embargo existe un rico conjunto de valores que todavía podemos recuperar en última instancia. Los hábitats, las construcciones comunales, los caminos, los molinos, la propia actividad agrícola que ha generado toda una cultura de usos y costumbres que constituyen las raíces y la propia esencia de nuestro territorio.

El Programa de Recuperación del Rural de la Asociación ANDREA, pretende desde un concepto innovador tratar de llevar a cabo las acciones necesarias para la puesta en valor de la herencia que está a punto de perderse y la revalorización de todos estos recursos para ponerlos a disposición, en uso, en suma vivos, en pro de un desarrollo sostenible público.

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